
En el mundo laboral la alimentación es fundamental para lograr políticas orientadas a mejorar la salud de los trabajadores, evitando el exceso de peso y las enfermedades asociadas, y de esta manera con una alimentación adecuada mejorar el rendimiento, reducir el ausentismo lo que evidentemente favorece el sistema organizacional.
Esta situación recobra vigencia a las nuevas formas laboral que se presentan donde los ritmos son acelerados, con trabajos continuos con poco tiempo para comer y que genera una alimentación deficiente lo que conlleva a enfermedades crónicas.
Así en un trabajo realizado por la Dra. Ianina Tuñon y Lic. Lucrecia Freije en el marco de una investigación realizada para Edenred Argentina, presentada en el Observatorio de la Deuda Social Argentina en la UCA., muestra los principales hallazgos de una encuesta sobre la alimentación de los trabajadores.
El estudio llevado a cabo sobre 1.171 casos con representatividad nacional busca analizar los hábitos de alimentación y comensabilidad de los trabajadores, es decir en que condiciones se alimentan los asalariados y que estrategias tienen ante la pérdida del poder adquisitivo y las brechas que persisten en el acceso a una alimentación adecuada en el trabajo.
El presente informe analiza los hábitos de alimentación y comensalidad de los trabajadores asalariados en Argentina durante la jornada laboral, así como los factores sociodemográficos y laborales que los condicionan, con el objetivo de aportar evidencia empírica para el diseño de programas de alimentación laboral. La investigación se basa en un estudio cuantitativo realizado a partir de la Encuesta Alimentación de los Trabajadores Asalariados en Argentina (2025), aplicada a una muestra representativa a nivel nacional de 1.171 trabajadores asalariados, -no contempla empleadas de casas particulares-. Los resultados evidencian que, si bien la alimentación durante la jornada laboral es una práctica extendida, presenta marcadas desigualdades. Casi uno de cada cuatro trabajadores no come durante su jornada laboral y un 83,5% restringe la cantidad o calidad de los alimentos por motivos económicos. Estas brechas se asocian principalmente con el nivel de ingresos, el sector de actividad y el tamaño de la empresa. Asimismo, la presencia de comedores y equipamiento básico, junto con recibir aportes del empleador, se vincula con mejores hábitos alimentarios y menores niveles de privación. En conjunto, el estudio aporta evidencia relevante para el diseño de políticas y estrategias orientadas a mejorar las condiciones de alimentación y promover el bienestar de los trabajadores.
Con ese objetivo general de aportar evidencia empírica para el diseño de programas de alimentación laboral analizaron los hábitos de alimentación existente y los factores que condicionan en la jornada laboral. A través de ello surgen varios objetivos específicos que logran dar sustento al objetivo general como ser, el de describir el perfil sociodemográfico y laboral de los asalariados, sus hábitos de alimentación en términos de lugar, procedencia de la comida, gastos asociados y formas de comensalidad, considerando diferencias según sector económico, tamaño de la empresa y modalidad de trabajo; analizar la relación entre la infraestructura disponible en el lugar de trabajo y los hábitos alimentarios, sin perjuicio de numerosos otros objetivos específicos detallados en el informe.
Algunos datos del informe que muestran el problema surgen:
- 83,5% padece vulnerabilidad alimentaria. Por motivos económicos, el 61,1% se saltea comidas y el 78,5% opta por alimentos menos nutritivos. Ambas privaciones se combinan en el 56,2% de los trabajadores.
- 26% no hace pausas para comer. Esto tiene un impacto directo en la salud: entre quienes casi nunca pausan, el 48,2% califica su dieta como poco saludable y la obesidad los afecta casi el doble que a quienes sí hacen una pausa (35,8% vs. 19,3%).
- 41,5% almuerza en su escritorio. Cuando no hay infraestructura, más de la mitad come en su puesto de trabajo, y el 32,3% lo hace en soledad.
- 36,3% reconoce que su dieta es poco saludable. Entre quienes padecen la doble privación (saltear comidas y elegir alimentos menos nutritivos), esa proporción sube al 44,6%.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) define el lugar de trabajo como un espacio clave para promover hábitos saludables. Países como Francia, Italia y Brasil cuentan con sistemas consolidados de beneficios alimentarios con incentivos fiscales. En Argentina, este debate recién comienza a tomar fuerza, y los datos muestran que hay urgencia: solo el 44,4% de los trabajadores recibe algún aporte de su empleador para la alimentación, y ese beneficio resulta regresivo, ya que lo reciben quienes ganan salarios más altos.
El 80,4% de los trabajadores desea contar con una contribución de su empleador para la alimentación. Entre quienes más la necesitan -los que padecen doble privación-, el apoyo es casi unánime: 91,5%. Lejos de ser un beneficio marginal, la alimentación durante la jornada laboral aparece como una demanda/preocupación extendida. El informe completo profundiza en estos hallazgos y ofrece evidencia para enriquecer este debate en la Argentina.