Sentencias arbitrarias e indignas para la sociedad
Generalmente se le asocia con un artista, cuya función es hacer reír a la gente, gastar bromas, hacer piruetas y en ocasiones trucos divertidos, pero también es un actor satírico que se burla de la cotidianidad.
Un payaso, del italiano, pagliaccio, es un personaje estereotipado representado comúnmente con vestimentas extravagantes, maquillaje excesivo y pelucas llamativas.
Por su parte, un juez es quien investido por el Estado debe administrar justicia en los casos que le son sometidos a su conocimiento. ¿Qué pasa si por alguna razón ambos roles se entremezclan? Lo que sucede es que dan lugar a Jueces como los que integran la Corte de Justicia de Salta.
Así, los payasos vestidos de jueces, con paupérrimo curriculum, que no supera a la media de los abogados del foro local, se han visto ocupando el más alto cargo en materia de administrar justicia y con el deber de dictar sentencias (si es que así pueden llamarse).

Es que, como payasos, la naturaleza no puede ser ocultada por un traje, emerge necesariamente en cada resolución que dictan, pues es su forma de expresión.
Cada lector, puede tener una anécdota de algún caso que escuchó o le ha tocado recibir; ahora vamos a destacar uno en donde la arbitrariedad, la poca seriedad y la burla emerge clara a poco se analice la resolución; particularmente, por ir en contra de los cuantiosos precedentes de la Corte de Justicia de la Nación.
Durante, este año, se dictaron varias resoluciones contradictorias por los jueces del máximo tribunal de Salta, sobre el mismo objeto (pauta publicitaria), aunque con diversos actores (posiblemente debiera analizar algún fiscal si han incurrido en art. 269 del Código Penal de la Nación; es decir posible prevaricato).
En ese grupo de perjudicados se encuentran los medios de comunicación como “Cuarto Poder” y “Diario El Tiempo de Salta”, que recibieron revocación por parte de la Corte de Justicia de las sentencias que los jueces que habían entendido en los procesos de amparo habían ordenado al Estado Provincial y/o Municipal que se otorguen y/o mantengan la pauta publicitaria, en igualdad de condiciones que las recibidas y/mantenidas a otros más “amigos al poder”.
El fallo en relación a Diario El Tiempo de Salta, idéntico al de Cuarto Poder, en tono casi burlesco, por el burdo y tiránico, desarrolló con un contenido contrario a los precedentes de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en los casos «Editorial Perfil y «Editorial Río Negro«, entre otros, para decir que el Estado provincial puede contratar o no pauta publicitaria.
Tal postulado, además de prematuro y falaz, no llega a dejar en claro porque algunos medios amigos si pueden tener pauta y otros no. Incluso es cuestión zanjada de antaño por el Máximo tribunal de la Nación que, cualquiera que sea la situación, si el Estado contrata la publicitación de sus actos de gobierno con algunos medios debe siempre dedicar una parte mínima de su presupuesto a los medios que la soliciten para favorecer la pluralidad de opiniones (este punto fue claramente obviado maliciosamente por los jueces payasos).
Y aún más, tan claro es el proceder temerario y malicioso de los integrantes: Sandra Bonari, Guillermo A. Catalano, José Gabriel Chibán, María Alejandra Gauffin, Teresa Ovejero Cornejo, Adriana Rodríguez Faraldo y Sergio F. Vittar, y López Viñals, que meses antes cuando FM Aries (Saturno SRL) hizo lugar al reclamo del mantenimiento de la pauta publicitaria de la Municipalidad de Salta, la propia Corte había manifestado que el corte producido era claramente violatorio a los precedentes de la Corte Nacional. Lo mismo que reclamaban en concreto Cuarto Poder y Diario El Tiempo de Salta. No se entiende porque entonces el propio máximo tribunal provincial hace dichas distinciones.
Es decir, los magistrados resolventes claramente no están en sus cabales, o bien, no revisan las sentencias que no son armadas por ellos sino por secretarios relatores de Corte que poco o nulo conocimiento de la temática tienen.
Aunque claro, si los fallos son tan diametralmente distintos en la misma temática, la única conclusión es que dictan los mismos de acuerdo a la cara del justiciable y/o la presión que pueden ejercer aquellos que han designado a los payasos.
Piénsese qué sucedería si, por esos extraños milagros que pocas veces ocurren, pudiéramos darnos una Justicia transparente, seria, apegada exclusivamente a su rol de único intérprete de la ley y, además, veloz. Una Justicia que permitiera a sus miembros, y a la sociedad en general, estar orgullosos de ella, volviendo a convertirse en un galardón para aquéllos a los que el mérito y la consideración pública les otorga la decisión final sobre la libertad, la honra y el patrimonio de los demás.
Que se transformara, ni más ni menos, en lo que nuestra sabia Constitución, prostituida por los políticos, le concede y le exige: ser la real garantía de defensa del individuo frente al poder del Estado y frente a las arbitrariedades de los demás.
De recuperar la Justicia aquel extraviado o dilapidado prestigio, mejorarían enormemente las relaciones que la provincia y el país requiere. No debe entenderse en mis dichos que todos los jueces son indignos de cumplir con honestidad y crudeza el tan noble rol que la Constitución les asigna.
Por el contrario, estoy convencido que la mayoría de ellos son probos y preparados, y miran con tanto asombro como los ciudadanos cuanto de inmundo y sucio proceder sucede en el tercer piso del Poder Judicial, con razón las innumerables quejas de la ciudadanía de hacer justicia.