Madile y el síndrome de “Procusto”

Por Luis H. Gorritti: El Concejo Deliberante de esta ciudad, el órgano legislativo del municipio, en los últimos tiempos no cumple con sus funciones de dar soluciones a la comunidad capítalina, al contrario se ve inmerso en discusiones anodinas  o problemas de índole laboral.

Así, en farragosas sesiones discuten, sin sentido de temas nacionales, o de particulares como el caso de José García, -que hay que trabajar para cobrar la fortuna que él gana (¿?)-, que no son del concreto problema de los vecinos.   

Así en la última sesión dirigida por Madile, que viene desde hace unos seis años conduciendo a este cuerpo deliberativo, curiosamente ocurrió que se habló de dos temas nacionales, violencia de género, caso Alberto Fernández, y la visita a genocidas por parte de legisladores de la Libertad Avanza, que nada tiene que ver con la necesidad de la gente.

Sin embargo, el tema de la violencia de género, indicado por el Presidente del cuerpo, es como escupir para arriba con el síndrome de Procusto.

Ello porque, nos recuerda un problema de gravedad institucional que existe hoy en día con una empleada del organismo, donde claramente se ve que el organismo está abocado en temas triviales y laborales internos con errores garrafales en procedimiento administrativo que desconocen.

Es que la cúpula dirigente –y ¿Por qué no todo el Concejo?- sufre del síndrome de Procusto, aquel personaje de la mitología griega que ofrecía posada a los viajeros y los obligaba en su descanso a acostarse en una cama de hierro, donde si eran más largos que la cama les cortaba la parte sobrante de las piernas y si eran más pequeños, los estiraba, descoyuntándolos, hasta que calzaran en el aterrador catre.

El caso, que mencionamos, es de una empleada del Concejo que la quieren retirar de su lugar de trabajo mediante acoso laboral con violencia de género, por la cúpula que conduce Madile, que tras notificaciones de actos administrativos respectivos y recursos interpuestos por la trabajadora, insisten aún en retirarla de su lugar de trabajo justamente enviándola a la oficina de violencia de género del Concejo, auto victimizándola. Ante tal situación y medidas suspensivas solicitadas por la trabajadora, resuelven hacer lugar al recurso jerárquico impetrado, pero continuando con el mismo expediente para excluirla de su lugar de trabajo.    

Evidentemente un desconocimiento total del procedimiento administrativo, desconociendo que el recurso jerárquico culmina el trámite administrativo y el paso siguiente es recurrir a la justicia.    

Como vemos la leyenda del síndrome de Procusto, con algunas variantes le cabe justo a estos funcionarios en una verdadera expresión de mentalidad idiota, palabra que viene del griego “idios”, que se entiende por lo propio, idiota es todo aquel que solo ve lo propio y nada más, pensando que lo hace bien. El idiota desecha todo lo que no encaja en su miope visión. Así no solo tiene una visión pobre de los problemas sino ridícula, dado que pretende ser la medida de todas las cosas.

Pero lamentablemente, nuestra sociedad salteña –y nacional-, sufre este síndrome, porque no son capaces de reconocer errores y cambiar, se encasillan en sus propias creencias, que confían es el paradigma con el cual juzgar, sin una racionalidad de los criterios, actuando con  un aumento de la intolerancia y la descalificación, que nos lleva a una irritación social traducida en violencia.

El cuerpo deliberativo municipal, en especial la cúpula directiva administrativa necesita recuperar indispensablemente la ética que suponemos debe tener para conocer la realidad tal cual es y no simplemente lo que perciben de ella.

Como decía Arturo Bravo Retamal un catedrático chileno de la universidad de UCSC “El síndrome de Procusto es el reino de la subjetividad individual. En cada Procusto hay un fundamentalista, inmune a argumentos y razones. Es la antítesis del diálogo.

En definitiva nuestra Salta se encuentra infectada de personajes con el síndrome de Procusto, – lo del Concejo expuesto aquí, solo es una muestra- lo que hace que la grieta siga existiendo y se profundice, porque una comunidad se construye en base a escuchar, en dialogar en ponerse en los zapatos del otro para ver la realidad desde su ubicación y quizás se pueda encontrar puntos de coincidencias.  

No podemos encerrarnos en los problemas mal interpretados que solo llevan a sufrir el síndrome de la leyenda griega, sino que nos lleva a no tener una mirada amplia, generando una intolerancia a la convivencia humana, en este caso laboral.   

Lo cierto es que al aprendiz de Procusto Dr Dario Madile le tocó enfrentar a otro griego enviado por los dioses debido a su conducta manipuladora y avariciosa. Así como en el mito de Sisifo por orden de Zeus, logró zafar dos veces del inframundo, pero cuando tuvo que ir definitivamente por haber inculpado a Zeus por el rapto de la ninfa Egina y engañando a la muerte en el inframundo para regresar, debió soportar la pena que se le impuso.

El final, todo lo sabemos, una eternidad cargando una piedra en sus espaldas. Representada hoy en la vergüenza que llevará y de la cual no puede volver sin arrepentimiento.