
La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, mediante publicación en el Boletín Oficial (20/7) publicó la resolución 114/2026, que derogó ocho normativas sanitarias vinculadas a distintas actividades agropecuarias. Entre ellas, la resolución 99/94, que desde hace más de 30 años prohibía el ingreso de bananas provenientes de países con plagas cuarentenarias a las provincias productoras de Salta y Jujuy.
La decisión, enmarcada en la Ley de Bases impulsada por el gobierno de Javier Milei y presentada bajo el paraguas de la “simplificación normativa” y la lucha contra las llamadas “leyes hojarasca”, encendió las alarmas en el norte argentino. Ni el gobierno de Salta, ni el de Jujuy, ni los propios productores fueron consultados antes de la firma.
El primero en salir fue el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, aliado de Milei en el Congreso. «Eso es una locura de algún funcionario nacional que desde un escritorio deroga de un plumazo con un decreto algo que viene protegiendo a la producción bananera a nivel fitosanitario“, disparó el mandatario en diálogo con radio Mitre.
Sáenz recordó que en Salta hay “3 mil hectáreas que producen bananas para todo el país” y advirtió sobre las consecuencias de un eventual ingreso de la Sigatoka negra, la enfermedad foliar que motivó originalmente la norma derogada. El mandatario advirtió que si esa plaga llega a la región, «la tierra se convierte en improductiva durante más de 30 años“.
Incluso apuntó contra la lógica desregulatoria de la Casa Rosada, al asegurar que “hay que defender a los productores y a la tierra”. Y reclamó que el Gobierno central consulte a las provincias antes de tomar decisiones de este tipo: “Hay que decirle a los que están en Buenos Aires que de una vez consulten. Esto fue una falta de respeto y un desconocimiento total de lo que es la Argentina y las necesidades que tiene la producción“, afirmó.
El punto más grave se dijo desde el gobierno salteño que esto excede a la Sigatoka negra. «Hoy hay una enfermedad mucho más grave, que se conoce como el mal de Panamá, es un hongo que actualmente no tiene tratamiento fitosanitario, no tiene tratamiento con agroquímicos, con lo cual es muy peligroso y, además, tiene una resistencia en el suelo, una vida en el suelo de hasta 30 años“. Es decir, si el hongo ingresa, ”deberíamos destruir las plantaciones y esperar 30 años para volver a plantar“, advirtió.