Violencia santa y santo negocio

Violencia de género y negocios al desnudo por la Virgen del Cerro

Un tema que cala hondo en la sociedad salteña, es el caso llevado a la justicia por las monjas carmelitas como perspectiva de género, contra las máximas autoridades de la iglesia Católica salteña. Por cierto, nuestra humanidad nos muestra verdaderamente como somos, en la disputa de espacios de poder y como ellos mismos dicen las acciones demoníacas los envuelven.

Así, la denuncia de las monjas carmelitas instadas por su entorno, golpean duramente a la cúpula obispal con una perspectiva de género que acorralan su actuar humano de presionar sobre la congregación con problemas de disputas personales propias de los seres humanos.

La reyerta no viene de ahora sino desde que monseñor Mario Cargnello se hizo cargo del Arzobispado de Capital y se enteró que las monjas de clausura tenían relaciones estrechas con María Livia Galliano de Obeid, quién anunciaba que recibía mensajes de la Virgen María y fueron las inspiradoras de la imagen de la Virgen de la Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús.

Es que María Livia es estrecha colaboradora de la congregación de monjas y la Curia niega las apariciones marianas y sus mensajes, por lo que estas relaciones llevaron a las discrepancias entre los religiosos -curia, congregación-. 

Cualquier situación que ocurre entre ambos es una disputa personal, como la falta de asignación dineraria para mantenimiento del convento que proviene del siglo XVII, de presupuesto para su propia alimentación, la muerte de una monja con supuesto COVID­­­­­­­­­¸ lo último fue el reclamo del ingreso de albañiles al convento por tareas de mantenimiento, al cual solo pueden ingresar desde el exterior médicos por razones de salud.

Esto generó la ira en Mario Cargnello quién decidió visitar a la congregación de las “carmelitas descalzas”, situación que estas aprovecharon para hacer conocer sus nuevas quejas. Allí estuvo el entuerto supuestamente de género, y en ese entorno, hoy, la justicia se come cualquier denuncia, especialmente con el género masculino.

Así de esta manera es que Monseñor Cargnello y su grupo de colaboradores los sacerdotes Lucio Ajalla y Martín de Elizalde, llegan a la justicia con una denuncia de perspectiva de género por realizar una presión psicológica, física y económica contra la congregación de monjas, sin embargo, más parece una trifulca de dimes y diretes, para limpiar los trapitos de entre casa, por problemas de espacio de poder y relaciones materiales del negocio del cerro, que una denuncia de género genuina.    

El negocio del cerro

Desde el origen de la aparición de María Livia, a fines del año 1990, cons sus manifestaciones sobre mensajes de la Virgen María, de la cual no vamos a negarlas, dado que existen alrededor del mundo innumerables revelaciones espirituales, que marcan un nuevo camino en la humanidad.

Y la pregunta obligada es ­­­­­­¿Por qué no en Salta? Donde existe gran manifestación de fe cristiana a través del Señor y la Virgen del Milagro y que seguramente no es la única que recibe esos mensajes.

Por cierto, que una cosa es la espiritualidad y otra es el aspecto económico y material. No nos corresponde juzgar la actuación de estos personajes, pero si dar a conocer, como a través de situaciones concretas de posibles manifestaciones de divinidades se las utiliza para concretar negocios particulares.

María Livia y su familia, es propietaria de la firma Lourdes SA, dedicada a la comercialización de venta de autos, una concesionaria de autos Citroen, donde su marido el Cr. Carlos Daniel Obeid es su director, y el resto de directores sus tres hijos dos varones y una mujer, mientras María Livia es directora suplente.

Ello es su forma de vida material, sin embargo, alrededor de su actuación religiosa, se ha generado desde la asignación del lugar del cerro de Cantarero”, por la propiedad en aquellos momentos de la inmobiliaria Tres Cerritos SA, de la familia Cantarero, a cargo del martillero Eduardo Noman, hoy Altos Tres Cerritos SA, una cantidad de negocios adicionales de los cuales se desconocen a los mercaderes del “Templo de Jerusalén” y que van desde la venta de artículos de souvenir hasta los viajes turísticos, vía terrestre y aéreos.

Negocios, que, si fueran para la distribución de ingresos entre los más necesitados, se podría entender, sin embargo, como siempre quienes están detrás de estos entuertos, solo van destinados a engrosar su propio patrimonio y allí deberá estar el fisco.