Federalismo: ¿Hacia dónde vamos?

Por Luis Gorritti

Hoy por hoy vemos que las distintas provincias por la crisis económica que vivimos, ha generado que los Estados provinciales y a su vez los estados municipales, reclamen esa palabra denominada federalismo. Es que su significado original se mantiene como idea de libertad y autonomía donde la descentralización del poder se da respecto a un territorio, donde organismos más pequeños delegan libertades o facultades a otro organismo superior. 

Así estos organismos  mantienen autonomía y conservan parcialmente soberanía que les pertenece, en forma exclusiva en un marco de libertad. Sin embargo hoy esa palabra como todo proceso en el tiempo ha ido cambiando en la forma en cómo se aplica. Prácticamente desde nuestro inicio federal en 1880, en que se integró el municipio de Buenos Aires con Nicolás Avellaneda no hemos logrado una aplicación correcta de los que querían nuestros ancestros.

Así vemos que un Estado organizado en forma federativa, no es estática sino dinámica con el devenir de los pueblos que marcan un nuevo destino en el tiempo. Lo que nuestros antepasados plasmaron en la Constitución de 1853, tras largas luchas internas entre unitarios y federales, fue una organización de gobierno representativa, republicana y federal. Y tras casi 170 años, nunca fue realidad lo que se pretendía para nuestro país y a la fecha resurge esa necesidad de libertad y autonomía que se debe tener de los organismos más pequeños de este estado federado. Podemos decir que actualmente ese modelo de Estado ha fracasado o por lo menos necesita ser corregido en profundidad.

A esa libertad y autonomía hay que agregarle un grito de soberanía en ciertos aspectos. Nuestros representantes nunca lo fueron, solo levanta manos, subordinados a intereses particulares o de un partido, el control republicano cedió a la corrupción, y la forma federativa, cedió a una centralización que hoy nos abruma y nos exprime tanto en los recursos como en la distribución de los ingresos cedidos. O sea como modelo de vida pensado en el bien común, en la Constitución en el trascurso del tiempo fue un fracaso, quedando el preámbulo de la Carta Magna en solo deseos incumplidos. Situación que nos lleva hasta cuestionarnos como Nación, y para evitar esto nos preguntamos si no es conveniente ser Estados Confederados, donde nuestra unión se dará como estados soberanos.

Así Proudhon decía que la federación no es una forma de Estado sino un principio. Uno es federado, si recibe en cantidad de bienes lo que en proporción entrega y entrega menos libertad de la que tiene. Dice “si no hay acuerdo, no hay libertad”. Esto ocurre en la actualidad en nuestro país, por ello se reclama la “libertad”, porque no hay federación. La crisis no solo es económica, sino política, existe en el fondo una crisis moral de quienes nos conducen, de allí que un candidato presidencial señale a la Casta intocable, sean los políticos, empresarios, periodistas, religiosos etc. 

No sirve solo regionalizar el país, en norte, centro o sur, sino hacer que los organismos pequeños sean soberanos y puedan dar respuesta concreta a esa crisis moral de corrupción, en especial en lo económico donde la recaudación quede en nuestro Estado y se contribuya al Estado nacional. Toda esta corrupción es la que genera la droga, la inseguridad, la falta de educación, la mala política electoral etc. Sólo a partir de Estados soberanos con acuerdos libres de unión con el Estado general podremos superar la crisis federativa, por ello las ideas libertarias debe avanzar hacia una reforma Constitucional. Porque la crisis que vivimos de fondo, nos lleva a decir que el país federal pensado ha fracasado y es momento de encarar el nuevo rumbo.