Jugando al ajedrez

Por Luis Gorritti

El ajedrez es un juego milenario que no se pudo establecer a ciencia cierta quien lo inventó, aunque en un papiro egipcio del año 1178 A.C., se ve al Faraón Ranses III sentado con piezas similares de este juego. Sin embargo muchos se inclinan que fue en la India en el siglo VI cuando Sissa hijo de Dagir a pedido de su rey Belkib inventó un juego que llamo “chaturanga”, juego de cuatro partes- como el más similar al actual ajedrez.

Lo cierto es que este juego plantea un escenario de enfrentamiento entre reinos y los movimientos que se hacen los llevan al triunfo, a la derrota o al empate. En ese marco dentro de un bando las estrategias de las jugadas, sobre todo aplicado hoy en día a la política siguen a Maquiavelo que decía que la pugna por el poder era un teorema de ajedrez. Las cuestiones de moralidad no existen como no existen en un jugador de ajedrez. Así en este juego hay una jugada que se llama enroque, que en nuestra política lo podemos considerar como “enrosque”, porque nuestros funcionarios no solo se enrocan sino además buscan “enroscarse”.

Esta jugada es una jugada defensiva que se aplica en nuestra provincia con ambas palabras, es muy común y se da en el ámbito de los tres poderes. Así el oficialismo hace enroque, como el caso del ex juez de Corte Abel Cornejo, con el Procurador Pablo López Viñal, intercambiaron puestos, pensando estratégicamente con otra jugada ajedrecística “nadie nos puede tumbar el caballo”, pero también están a los que les hacen “enrosque”, los que dejan un puesto, y en seguida le buscan otro para “enroscarlo”.

Hoy vemos entre los más recientes, el de Juan Manuel Pulleiro, el militar devenido en político, fracasado como Ministro de Seguridad, que tras su renuncia lo enroscaron en las oscuras y saladas Aguas del Norte, pero no hay que olvidar que esto es una práctica habitual para que nadie se vaya de un puestito.

Todos se consideran como jarrón chino, creen que valen mucho, por lo tanto hay que tenerlos, mientras tanto, nadie sabe dónde ponerlo, y se los debe guardar hasta encontrar el lugar donde lo ubicarán.

De todas maneras hoy por hoy se está usando una jugada ajedrecista, denominada “coronación”, que es cuando un peón llega a la última línea del contrario y puede coronarlo con cualquier otra pieza –dama, torre, caballo, etc.-, estos son los compromisos políticos que existen, como hoy se observa en el caso de la municipalidad de Salta, donde Bettina Romero designó a dos personas del partido Felicidad, partido que jugó en las últimas elecciones a dividir, en el Frente kirchnerista, siendo funcional al partido Ahora Patria de Zapata y también a Bettina. De esta manera las designaciones serían parte de la factura adeudada, y que se coronan como aliados para el futuro.

Así vemos, que tanta es la influencia del ajedrez en la política, que ante cualquier situación se encontrará en jaque. Por lo tanto el ajedrez no solo es un juego, sino un educador del raciocinio, no solo para quienes están adentro sino para todos los que observamos. En definitiva esta es la cuestión, o en su caso, el dilema en nuestra sociedad donde el deseo del poder que tiende al autoritarismo solo se vale de la democracia para legitimarse. Por eso el enroque que es la única jugada en que se mueven dos piezas a la vez, es estratégica, pero el “enrosque” no es una jugada ajedrecista y solo permitirá que te hagan el “jaque mate”, porque una vez terminado el juego, todas las piezas vuelven a la caja y solo la historia dirá si hicieron tablas consigo mismos.