La letra chica

Por Luis Gorritti

La situación del país en este mes de enero era muy caliente ante la posibilidad de entrar nuevamente en default, es decir, en marzo, se entraría en una situación de quiebra del país, como consecuencia de no poder abonar los servicios de la deuda externa al FMI y al Club de Paris, de unos U$S 5.000 millones. Esto implicaría quedar aislados del mundo por falta de financiamiento y el peligro de embargos. Recordemos que la deuda con el FMI es la contraída por Macri y la deuda del Club de Paris es la que proviene de los llamados fondos buitres. El problema, entonces, era arreglar con el primero, dado que el segundo ya se encuentra programado. Arreglar con este acreedor era fundamental para continuar en “actividad”, esto lo sabían tanto el oficialismo como la oposición, sin embargo, salvo el gobernador de Jujuy Morales, por el radicalismo, que al final entendió la gravedad de la situación, el resto de Cambiemos, solo querían hacer leña del árbol caído. Jugaban a que no se arregle, a que el dólar como variable, se vaya a las nubes, jugaban al caos económico y por ende social, buscaban una salida como en el 2001, pero inesperadamente y ante una buena movida rápida, con la irresponsabilidad propia del acreedor que presta a un insolvente, se logró que el FMI entienda y ceda, así el acuerdo vale por lo que evita. 

Lograda esta primera etapa, viene lo más difícil cumplir el compromiso de llegar al 2025 con un déficit cero, cuando la propuesta argentina era llegar recién en el 2027, se tuvo que ceder, y aumentar reservas, comienza así a ser necesario no lo que dice la oposición de leer la letra chica, sino de ver como se cumple.

Así en un escueto comunicado Cambiemos, reconoce que el acuerdo es positivo, para no “seguir sembrando incertidumbre” pero quieren ver en el Congreso los detalles del mismo. Resulta que ahora, como se alcanzó el acuerdo, está bien, antes hicieron lo imposible para sembrar la incertidumbre, negando todo, hasta la inclusión de la deuda y su forma de pago en el presupuesto. Que letra chica quieren ver, ¿La reducción del déficit fiscal?, que es el caballito de batalla de Zapata, Romero y cía. Esto ya está previsto, para el 2025, con un cronograma de reducción del 2.5% para el 2022, 1,9% para el 2023, 0,9% para el 2024 y 0% para el 2025. En realidad sobre este tema se pedía hasta el 2027, pero la postura dura del FMI no permitió acceder a ello.  

Cierto es que este acuerdo no es la panacea de las soluciones, no nos mintamos tampoco, la inflación no bajará, la presión sobre el dólar seguirá, pero es el comienzo para hacer bien los deberes, es como cuando uno tiene una piedra en el zapato, y nos lastima, cuando sacamos esa piedra, no quiere decir que hayamos solucionado el problema del lastimado, hay que curar y solo el tiempo dirá si se curó o si se infeccionó.  

No es la primera vez que reestructuramos una deuda externa, 9 o 10 veces ya lo hicimos y no aprendemos, este es el problema de quienes toman la deuda y de quienes nos la dan, es una relación mutua entre el acreedor y el deudor, sobre todo del primero que quiere hacer su negocio sí o sí con el país. Ahora este acuerdo solo es un nuevo punto de partida que mejorará la coyuntura, nada más, el problema de fondo como dije solo el tiempo nos dirá si se soluciona. Hoy la oposición se quedó sin argumento, dado que el compromiso de fondo es la reducción del déficit fiscal y ello está contemplado en el acuerdo, y se tendrá que comenzar a trabajar en concretar.

Lo duro es que el sistema productivo esta caído y el principio de solidaridad no se aplica, y solo vale para el Estado, como pasó en Pandemia, hasta sueldos hubo que pagar, y el sector turismo, uno de los más castigados en ese momento, cuando se recuperó en los últimos tiempo, nada dice sobre devolver algo al sistema, así pasa con el resto de los sectores. Todos buscan la ayuda del Estado, o sea de nosotros, la clase media y trabajadora, que debe soportar con la emisión monetaria, en las malas colaboramos ¿Y en las buenas? Nada.

Que el sector productivo está agobiado es cierto, pero también es cierto que la ciudadanía está saturada, la presión tributaria para ambos es alta, el costo de los servicios es alto, pero los empresarios tienen la posibilidad de trasladarlos a los costos y en definitiva la gente común es la que los soporta doblemente.

Por lo tanto se debe realizar un análisis profundo del gasto, a fin de disminuirlo, pero ello requiere, que el sacrificio lo realicen quienes tienen, no la clase media baja, los trabajadores, ni los pobres. La eliminación de subsidios generará que los empresarios aumente los valores y la inflación seguirá. Así la solidaridad y la subsidiaridad debe ser en esta etapa clara, no simplemente  hablar de presión tributaria, que no vamos a negar existe, pero no hay país que no tenga impuestos, porque es la base de la solidaridad para todos, pero en estos tiempos hay que hacer jugar la subsidiaridad, en la que los que más tienen sean empresarios, políticos, religiosos deportistas profesionales concurran en sostenimiento de los que menos tienen.    Hoy no se trata de hacerse las víctimas, como el sector empresario y el agropecuario, ni de ver la letra chica del acuerdo como pretende la oposición, ni siquiera profundizar la solidaridad, hoy se trata de subsidiariedad a fin de alcanzar un achicamiento entre la grieta entre los que más tienen y los que menos tienen. Caso contrario en el 2025 ni los unos ni los otros podrán vivir.