La grieta en origen

Por Luis Gorritti

            El jueves pasado, 3 de febrero, se celebró un nuevo aniversario de la batalla de Caseros ocurrida en el año 1852, cuyo resultado parecía que marcaría el fin de las grandes diferencias existentes en esa época entre “unitarios” y “federales”, más aún, luego de pronunciar a horas de la batalla, el triunfador Justo José de Urquiza la frase “ni vencederos ni vencidos”. Sin embargo estas palabras, como siempre, solo fueron para la tribuna, como se dice ahora, porque en un primer momento se creían superadoras a las existentes en los documentos oficiales “mueran los salvajes unitarios”, pero inmediatamente la realidad fue superior y dejó al desnudo las razones del levantamiento de Urquiza contra Rosas. El 3 de febrero no fue una guerra civil sino una guerra internacional, dado que Urquiza en el Ejercito Grande tenía contingentes brasileños y fue la armada brasileña la que ayudó a cruzar los ríos Uruguay y Parará para llegar a Caseros. El ejército que había puesto Rosas en la Mesopotamia para defensa del país del imperio del Brasil, al mando de Urquiza, en vez de enfrentar a los brasileños se unió y se dirigió a Buenos Aires. Las matanzas, los fusilamientos y los asesinatos posteriores por los vencedores fue un comportamiento que los deshonra, y al mismo tiempo muestra que la frase “ni vencedores ni vencidos” era una farsa. La división seguía. De esta manera lo que no pudieron los unitarios lo hizo un federal con las atrocidades de Caseros, esto permitió con la sed de venganza que la división continuara en el tiempo. Así nuevamente, en esta situación, los conceptos dicotómicos “civilización” y “barbarie”, encunados por Esteban Echeverría en “El matadero”, vuelven a quedar vigente como nunca, y con toda esta división se plasmó lo que se hace llamar “organización nacional”.

Pero los unitarios y federales de aquellos tiempos en sus ideas y concepciones no son las mismas de quienes pueden ser unitarios ahora, los unitarios de antes consideraban que una provincia debía tener el control sobre las otras, además que la economía y la política estuviera regulada desde la capital, es decir siguiendo la tradición virreinal hacia Europa y el control del puerto. Se integraba con los intelectuales, comerciantes y militares porteños y algunos miembros de la elite provincial y defendían una ideología económica liberal, la propiedad privada, el libre comercio y las inversiones extranjeras.

 En cambio los federales eran más simples, simplemente se oponían al centralismo porteño, y querían conservar su autonomía provincial y regirse libremente aunque formaran parte de una unidad más grande. La mayoría de los gobernadores querían un gobierno central con poderes limitados y provincias autónomas, siendo republicano, representativo y federal, mientras que otros como Rosas preferían el modelo de la Confederación de los Estados Unidos, y en lo económico con el proteccionismo provincial y la libre navegación.   

Así durante años, aunque la división entre unitarios y federales quedó en el fondo, la dicotomía continuó dentro de lo federal, con cuestiones por cierto del centralismo porteño y en aspectos económicos y políticos, pero rara vez sobre otros temas como el ambiental. Como vemos las ideas unitarias se mesclaron con las federales, y la división ya no era unitarios con federales, sino entre federales unitarios y federales.

Sin embargo en lo últimos tiempos esas diferencias entre estos actores continuaron y se profundizaron, comenzando a denominarse “grieta”, en especial desde lo político, cargado de su aspecto ideológico, libertad económica, libre mercado, inversiones del exterior por un lado y libertad económica con control estatal por el otro, situación que aún no podemos superar y nos muestran las mismas ideas de los unitarios y los federales, pero todo en confusión. Pero por otra parte, hoy en día aparecen los nuevos unitarios, los llamados libertarios –de derecha-, que son partidarios de la libertad –todavía no salieron los de izquierda- quienes despotrican contra los políticos en general, contra el Banco Central, pretenden una economía al más puro estilo unitario en origen, con Adam Smith y levantan la bandera de la anticorrupción.

En definitiva, es increíble, tras 170 años que se creía se había superado “la grieta en origen” entre unitarios y federales, hoy en forma renovada vuelven a materializarse aquellas ideas entre los diferentes actores, quizás también sea hora por estos lares de aprovechar para insertar nuevamente la idea de la Confederación a imagen norteamericana como modelo de gobierno.