Los niños de la Escuela de San Agustín recibieron por primera vez la visita de Carlitos Melián

El miércoles 26 de noviembre, el artista infantil más querido del norte llegó por primera vez a la Escuela N° 4.320, donde hizo vibrar a los chicos con música, muñequitos, batucada y pequeños presentes. La visita fue gestionada por el vecino solidario Emanuel Collado.

La tarde del miércoles 26 de noviembre quedó grabada para siempre en el corazón de los alumnos de la Escuela N° 4.320 de San Agustín. Por primera vez, los niños recibieron la visita de Carlitos Melián, el artista que marcó a generaciones con sus muñequitos, su batucada y su incomparable energía.

Desde el momento en que Carlitos puso un pie en el patio, los chicos comenzaron a corear a los gritos:“¡Muñequitos! ¡Muñequitos!”

La emoción los desbordaba. Muchos de ellos no conocían al artista, otros lo conocían por videos o relatos, y nunca imaginaron poder verlo en persona, cantando y bailando a pocos metros de ellos.

Una jornada que tocó el alma de todos

El show, lleno de colores, personajes y música, fue un verdadero regalo para los estudiantes, que son en su mayoría hijos de trabajadores rurales, familias humildes que viven en el pequeño pueblo de San Agustín y en las fincas de los alrededores.

Carlitos cantó, bailó entre los niños y compartió con ellos momentos que jamás olvidarán. Durante el espectáculo, también les entregó pequeños presentes, que cada niño recibió con una sonrisa que iluminaba el patio.

El gesto solidario que hizo posible este sueño

La visita fue impulsada por Emanuel Collado, ex alumno de la escuela y vecino comprometido con la comunidad, quien desde hace años acompaña cada actividad escolar con una generosidad constante. Gracias a él, los chicos pudieron vivir lo que describen como “el mejor día del año”.

Collado, emocionado al ver las reacciones de los estudiantes, expresó que su objetivo es simple: “Devolverle a mi pueblo y a mis raíces un poco de todo lo que la vida me dio”.

Un día que quedará para siempre en la memoria

El patio se convirtió en una fiesta. Los estudiantes de primer a séptimo grado bailaron, saltaron, rieron y se abrazaron mientras el show avanzaba. La batucada retumbaba entre palmas y carcajadas. Los docentes, también emocionados, acompañaban la alegría de los niños.

Cuando el espectáculo terminó, los chicos seguían repitiendo su nombre, sin querer que el momento finalizara.Para muchos, fue la primera vez que vivieron algo así.Para todos, fue un día que quedará guardado para siempre.